Decía
un viejo sabio oriental: " Estaba un día en el jardín,
cuando una niña ciega me dio una guirnalda de flores en una hoja
de loto. La colgué de mi cuello y se me saltaron las lágrimas.
Besé a esa niña y le dije: Eres ciega como las flores,
y no puedes ver ¡pobre! lo bello de tu objeto." "El
Jardinero". R.Tagore
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